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jueves, 27 de junio de 2013

Test de velocidad de lectura. PRACTICA

Test de velocidad de lectura 
para alumnos de 3º
Instrucciones 
Cuando estés listo pulsa "Comenzar" y empieza a leer
.  
Cuando acabes pulsa "Terminar"
, y obtendrás el tiempo empleado y tu Velocidad de Lectura en Palabras por Minuto.
 


¡VAYA UN REGALO!
Clara entró en el cuarto de su abuela cuando aún no había sonado el despertador. La anciana señora estaba todavía completamente dormida.
- Buenos días, abuela -saludó Clara con voz bastante alta.
- ¿Euuuhhh? - gruñó la abuela
- ¿Has dormido bien, abuelita?
La anciana señora dio un respingo en la cama, se sentó y abrió unos ojos enormes. La amable pregunta de su nieta la había alarmado muchísimo.
- Clara, ¿Qué te ocurre? - preguntó inquieta.
- Nada, no me pasa nada.
- ¿Nada? ¿Estás segura? ¡Caramba , cuánto me alegro! Me habías asustado...
Volvió a tumbarse con un suspiro de alivio y se arrebujó de nuevo entre las sábanas.
- Hoy es mi cumpleaños, abuela - anunció Clara.
-¡Ah, es verdad! ¡Muchas felicidades! Luego te compraré un regalo.
- ¿Qué me vas a regalar?
En el calorcito de la cama, la abuela estaba empezando a sentirse perezosa y adormilada.
- Pues... libros, o un jersey, o... bueno, lo que tu quieras...
- Lo que yo quiero es un caimán.
-¿ Un qué...?
La anciana señora estaba otra vez sentada en la cama y despierta, completamente despierta y un poco horrorizada.
- ¡No puedes traer un caimán a casa!
- Es sólo una cría. Es pequeño, así de pequeño - Clara marcó el tamaño con sus dos manos.
- ¿Qué van a decir tus padres?
- No van a decir nada, estoy segura. Vivirá en una pecera grande en mi cuarto y yo lo cuidaré. Será muy fácil. Me ha dicho el chico de la tienda que un caimán come casi cualquier cosa... ¿Me lo comprarás, di, me lo compararás, eh?
La abuela lo pensó un momento. Luego volvió a escurrirse entre las sábanas:
- Bueno, si eso es lo que quieres..., pero ya veremos qué dicen tus padres.
Por la tarde, después de las clases, Clara llegó a casa con el caimán en su pecera. La abuela le abrió la puerta; estaba un poco asustada al pensar que había dado dinero a Clara para que comprara “aquello”. La verdad es que el animal no era grande y tenía un bonito color pardoverdoso. Toda la familia se congregó alrededor de Clara para observar el recién llegado.
- Es horrible - opinó el padre.
Tiempo de Lectura:  Velocidad de Lectura:  Palabras leídas por minuto
 Toma nota de tu Velocidad del Lectura en palabras leídas por minuto.
Test de velocidad de lectura para alumnos de 4ºInstrucciones 
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EL DÍA QUE DESCUBRÍ LA MAGIA
El jueves fuimos todos a ver una función de magia.
Actuaba un mago muy famoso que yo había visto alguna vez en televisión. Era alto, moreno, bastante guapo y sonreía todo el rato.
Pedía voluntarios que subieran al escenario del teatro para hacer trucos muy divertidos. A mi lado, Oscar estaba con la boca abierta, tan formalito como siempre. Le pregunté si se atrevía a subir conmigo al escenario, pero hizo un gesto como si le diera miedo, y se encogió en su butaca.
A mí no me daba miedo nada, y siempre estaba dispuesta a probar cosas nuevas. Tampoco soy miedosa. Ni siquiera lloré cuando me rompí la nariz.
Al final subí yo sola. El mago pidió un aplauso para mí.
- ¿Cómo te llamas? - me preguntó.
- Olivia.
- Olivia, ¿vas a ayudarme a hacer magia?
- Bueno.
Los espectadores estaban muy callados, pendientes de nosotros.
- Olivia es una niña muy estudiosa – explicó el mago, dirigiéndose al público.
- Peché, peché... - respondí yo.
- Pero el siguió hablando como si yo le hubiera contestado que sí.
- Debes descansar de vez en cuando, Olivia, o de tanto estudiar acabará saliéndote humo de la cabeza.
Mientras decía eso, me puso la mano en la cabeza y, al cabo de un momento, la gente empezó a reírse a carcajadas. No comprendí lo que estaba pasando, hasta que vi que mi cabeza estaba envuelta en una nube de humo de color rosa.
Ese día yo llevaba el pelo recogido con dos coleteros (ya sabes, dos gomas de colores). El mago me los quitó con mucho cuidado y los mostró en alto. Me pregunté que pensaba hacer con ellos. Dio unos pases mágicos y, de repente, me encontré los coleteros alrededor de mis muñecas, como si fueran pulseras.
El mago me alzó los brazos para que todo el mundo pudiera comprobar lo que había ocurrido.
Los aplausos sonaron muy fuerte.
- ¿Quieres explicarnos cómo has hecho este truco, Olivia?
No lo sé.
¿ Quieres que celebremos una fiesta? - preguntó el mago mientras estiraba de mis coleteros.
Vale.
No sé cómo las gomas desaparecieron de las manos del mago. En su lugar apareció un puñado de serpentinas que empezó a lanzar sobre el escenario.
Antes de que me fuera, se sacó, no sé de dónde, uno de esos sombreros de mago, una chistera.
- Es un recuerdo para ti, Olivia – para cuando hagas magia en tu casa.
Tiempo de Lectura:  Velocidad de Lectura:  Palabras leídas por minuto
Test de velocidad de lectura para alumnos de 5ºInstrucciones 
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EL FOSO DE LOS COCODRILOS
Has ido con tu amigo Nick a la isla de Tama a buscar un tesoro, el tesoro del pirata Barba Azul. Tienes un mapa viejo y amarillento que encontraste entre un montón de cartas y papeles en el desván de tu casa. El mapa debe indicar dónde está enterrado el tesoro, pero primero tienes que buscar en la isla las señales que hay en el mapa: un faro y un cementerio.
Os metéis en una barca del velero que os ha llevado hasta la isla. Nick rema hacia la orilla con movimientos fuertes y enérgicos. Por fin el bote se eleva en la cresta de una ola y se desliza hasta la playa. Bajas de un salto y ayudas a Nick a llevar el bote hasta la arena.
-¿Por qué no buscas tú el faro que aparece en el mapa? -propone Nick. Yo treparé hasta la cumbre de la colina y tra­taré de hallar el cementerio.
Sigues las indicaciones del mapa y caminas hacia el este cruzando las dunas. A causa da haber estado tanto tiempo en el mar, notas que te tiemblan las pier­nas. De repente tropiezas con un agujero. ¡Y te das cuenta de que no es un agujero, sino la entrada de un túnel!
Al levantar los ojos ves que un velero, con todas sus velas desplegadas, navega rumbo a la isla. Ignoras si es o no un barco pirata.
Corres a decirle a Nick que se acerca un barco. De pronto el terreno cede bajo tus pies. Te deslizas por una pendiente hasta que. ¡Paf!.
Aterrizas en el fondo de un foso. Los lados, salvo uno, son demasiado empina­dos para trepar por ellos, Pero tienes que cruzar una charca para llegar a él. Comienzas a meterte en la charca cuando ves tres cocodrilos que se acercan. Retrocedes de un salto y te apoyas contra una de las paredes del foso.
Estás atrapado y no puedes hacer nada, salvo esperar. El sol se eleva en el cielo. Te sientes acalorado y con sed.
Un rato después ves que uno de los Cocodrilos sale de la charca. Se arrastra muy despacio, pasito a pasito, siguiendo el borde del foso. Se detiene a muy poca distancia de ti.
Tienes miedo de moverte. Las inmensas fauces del cocodrilo están entreabiertas. Si te atrevieras a saltar sobre su lomo ¡alcanzarías la altura suficiente para salir del foso!
El cocodrilo levanta la cabeza y te mira. Va a embestir. ¡Tienes que hacer al­go de inmediato!


Tiempo de Lectura:  Velocidad de Lectura:  Palabras leídas por minuto

Test de velocidad de lectura para alumnos de 6ºInstrucciones 
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LOS PEREGRINOS
Escogieron una calle y caminaron lentamente hacia el centro de la ciudad.
-Todas las calles conducen a la catedral- les explicó el abuelo Juan.
Ni por un instante sospecharon que los seguían; las calles estaban bastante concurridas. Con los primeros rayos de luz, algunos vecinos abandonaban sus casas para comenzar las jornada de trabajo. De cuando en cuando, se tropezaban con un caminante roto por el cansancio y el hambre, ennegrecido por el sol, barbudo y sucio, pero con la mirada llena de ilusión por haber alcanzado el ansiado destino.
-Es un peregrino - decía Maruxa con respeto.
Desembocaron por fin en una plaza donde se veía un edificio enorme a medio construir.
- Es la catedral - murmuró el abuelo.
-¡ No, no lo es! - exclamó Lolo. Aquel edificio no tenía nada que ver con la bella catedral que él recordaba.
- Está sin terminar, tardó siglos en ser como nosotros la conocemos.
Entraron sin sospechar que una figura encorvada los vigilaba. Un hedor a incienso y sudor impregnaba las piedras.
- Huele fatal - refunfuñó Lolo mientras se tapaba la nariz.
- Es por los peregrinos. Vienen de muy lejos. Algunos han atravesado a pie media Europa - dijo el abuelo.
Efectivamente, acurrucados en la penumbra dormitaban muchos bultos silenciosos.
- ¡Pues debe de hacer más de un mes que no se lavan!
Maruxa se echó a reir mostrando su boca desdentada:
- ¡Y más de un año! Pero no pongas esa cara: a mi abuelo el agua nunca le mojó más arriba de los codos y vivió casi cien años. Aunque yo he salido más limpia: me baño una vez al año, lo necesite o no.
Terminó la frase con una de sus risotadas, a la que se unió el abuelo. Parecían muy divertidos.
- Eso es poco, Maruxa; ya conoces el refrán: lávate los pies, al menos, una vez al mes.
Lolo muy atento a lo que decían, exclamó:
- ¡Y mi madre se empeña en que me duche todos los días! Así nunca llegaré a viejo.
- Tu madre tiene razón - protestó el abuelo, preocupado porque la conversación era poco educativa -. Y tú deja ya de bromear, Maruxa.
- ¿No te acuerdas de cuando tu madre te perseguía, con la zapatilla en la mano, para meterte en la bañera los domingos por la mañana? Una vez te escondiste entre los cochinos para huir del restregón, entraste en la iglesia y... se acabó la misa. ¡No había quien aguantase a tu lado! El cura se quedó de piedra al ver la iglesia vacía. ¡Lo que nos reímos contigo!
El abuelo se puso colorado como un tomate. Las risotadas de Maruxa resonaban en el interior del templo, amplificadas por el eco. Alguien les chistó desde un rincón para que se callaran.
En ese instante, los rayos del sol iluminaron la catedral y las vidrieras tiñeron la luz de mil colores diferentes. Se quedaron sobrecogidos. El espectáculo era tan bello que Lolo se prometió volver algún día a contemplar el amanecer filtrándose por las vidrieras.
Una cuadrilla de hombres con brochas, yeso y barriles de pintura entró en el templo. Subieron a unos andamios y comenzaron a pintar. Lolo había visitado varias veces la catedral, pero nunca se había fijado en que las esculturas estuvieran pintadas. De pronto exclamó:
- ¡Están pintando el Pórtico de la Gloria!
Efectivamente, el Pórtico estaba allí, encima de sus cabezas, reluciente y nuevo, pero sin acabar, pues faltaba una fila de figuras. Maruxa se acercó a los pintores y comenzó a hablarles.
Los pintores se quedaron perplejos al ver a aquellos desconocidos con ropas tan extrañas.
Seguramente hablan gallego antiguo y no te han entendido - le dijo el abuelo en voz baja.

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